Mi Border Collie persigue bicicletas (o coches, o corredores, o patinetes…). ¿Que hago?

Si en el post anterior, “como hacer para que mi Border Collie no persiga bicicletas“, nos centramos en el origen y la prevención, en este Post hablaremos de las estrategias de modificación de conducta para esos perros que ya tienen el problema establecido.

Creo que ya entendimos que el origen del problema está en el instinto. Lo que actúa cuando el perro persigue el movimiento es un motor interno: el instinto de caza (que no de pastoreo). Este origen interno también  es causa de su autoreforzamiento (el mero hecho de perseguir el movimiento es reforzante para el perro), con lo que la repetición de eventos fortalece la conducta.

A veces este problema es tan “puñetero” que si sujetamos al perro con correa al paso de bicicletas y el perro muestra la “intención” de perseguir (aunque no lo haga por ir atado), estamos empeorando el problema puesto que hacemos un “efecto muelle” o de comprensión de las ganas que provoca que crezca en el perro el interés y motivacion por emitir la conducta, cosa que hará a la menor oportunidad.

Entonces, si persigue mal y si no persigue ¿peor?. Vamos a ver las posibles formas  teóricas que tendríamos de solucionar este probleblema.

1- Usar un refuerzo positivo (premio) por no perseguir la bicicleta: Por ejemplo utilizamos un premio comestible que daremos al perro si no persigue. El planteamiento puede variar entre distraer al perro con el premio para adelantarnos a lo que va a hacer o pedir una conducta alternativa que sea incompatible con la persecución, por ejemplo sentarse o mirar al guía, y así reforzar con la chuche dicha conducta. Si en alguna ocasión el perro persigue se omite el premio y el perro no consigue “nada”.

Aunque sea el método más “politicamente correcto” yo no lo utilizo. Me parece que no toma en cuenta que la conducta está reforzada internamente (perseguir ya es un premio para el perro) con lo que en perros muy perros (con el instinto desarrollado) no funcionará. Y  en los perros en que si funcione será porque tienen un instinto bajo (tan bajo como para preferir un trozo de salchicha a una “buena” persecución por caza) y generará en ellos, como efecto secundario, una gran dependencia (hacia los premios y hacia el suministrador de ellos) que, para mi, es peor el remedio que la enfermedad.

 

No sé si alguien estará pensando en usar una pelota como reforzador: “si no persigues al ciclista te dejo perseguir esta pelota”. Además de que no acabaremos con el problema (incluso lo empeoraremos), ya he hablado suficientemente de la obsesión que vamos a generar y los efectos secundarios negativos que tendremos.

2. Trabajo de obediencia: Es decir, aplicando la máxima de “el problema se soluciona fuera del problema”, dedicaríamos un periodo de tiempo indeterminado, a trabajar la obediencia del perro con órdenes básicas como sentado, tumbado y junto. Aunque la enseñanza de esas acciones podrá (y debería) hacerse en positivo (con premios), tendremos que alcanzar una fase de en la que seamos capaces de “exigir” el cumplimiento de una orden, sea cual sea el distractor presente (incluso si pasan ciclistas).

Este es un camino plausible, pero en el fondo el guía está imponiendo su autoridad (“sientaté……..aunque esté pasando una bici”). La autoridad tiene algunas pegas: hay que estar atento para aplicarla, disminuye con la distancia y desaparece sin nuestra presencia. No utilizo este método porque no me gusta entrenar obediencia, no quiero ir pendiente de si mi perro hace o deja de hacer algo y no quiero los “efectos secundarios” del entrenamiento en obediencia (dependiencia, principalmente).

3. Castigo indirecto: El castigo indirecto es un estímulo aversivo (algo malo) que aparece sin relación (evidente) con el guía (que proviene del ambiente). Por ejemplo, si un perro se va a subir por un terraplen y se cae es un castigo indirecto y el perro tendrá que buscar otra forma de subir más segura (el perro aprende de sus experiencias).

Aunque no sea políticamente correcto decirlo, yo utilizo mucho el castigo indirecto en mis terapias. Creo mucho en el aprendizaje del perro por experiencia porque me libera a mi de intervenir en exceso (me gusta que el perro se comporte como yo quiero, pero sin necesidad de que yo se lo esté indicando continuamente).

¿Como aplicar el castigo indirecto para corregir la persecución de ciclistas?. Te doy algunas ideas: dale a un amigo ciclista una botella de plástico con algunas monedas dentro, cuando el perro lo persiga tu amigo debe asustar al perro haciendo ruido con la botella. Similar con coche, queda con un amigo para que pase cerca de vosotros “casualmente” con su coche, cuando el perro persiga a tu amigo debe golpear enérgicamente la puerta del coche (con la ventanilla bajada) para que el perro se asuste. Espero que la idea se entienda.

Ahora vamos con las pegas y el motivo por el que no suelo usar técnicas como las descritas en el párrafo anterior, aunque son perfectamente válidas.

Para que funcionen el perro debe afectarse por el estímulo que pretendemos sea aversivo. Cada perro tiene una dureza (resistencia a la aversión) característica. Si vemos que no se asusta con el planteamiento que hemos hecho no funcionará la técnica. En este punto ya descartamos a unos cuantos candidatos a la terapia.

Otra pega deviene de la dificultad para generalizar que tienen los perros. Nosotros queremos que no persiga a ningún ciclista, pero el perro piensa en imágenes y  con pocas experiencias aprenderá a no perseguir al ciclista concreto que le asustó en el lugar concreto donde lo entrenamos. Debería tener bastantes experiencias diferentes en lugares distintos para llegar a generalizar y llegar a la conclusión de “mejor no perseguir a ningún ciclista”.  Esto supone un problema logístico a veces insalvable.

Otra pega que pondrán los entrenadores positivistas es que el perro puede coger miedo a los ciclistas ( o a los coches….). Efectivamente, el perro puede coger miedo a los ciclistas (si no lo tenía ya, por mucho que persiguiera), pero lo va a superar de la manera en que tiene que superarlo: habituándose a ver pasar ciclistas y comprobando que no suponen ninguna amenaza si no los persigue (se me está ocurriendo un próximo post dedicado al miedo y a la dificultad que tienen muchos perros para gestionarlo debido a una sobreprotección absurda).

Una correa de 10 metros nos puede ayudar a superar algunas de estas perras. En este caso la idea sería que el castigo indirecto consistiera en el tirón que va a llevarse el perro si sale corriendo a por un ciclista y llega al final de la correa (que nosotros pisamos o sujetamos). La ventaja es que no requerimos ayudantes (nos sirven todos los ciclistas que nos vamos a cruzar) y el perro va a generalizar mejor. La desventaja es que el perro puede “darse cuenta” de que es solo cuando lleva puesta la correa cuando aparece el estímulo aversivo. Para evitar este condicionamiento deberemos usar la correa (a la rastra) de un modo contínuo dias antes de empezar la terapia. Los perros acaban “olvidándose” de que llevan correa cuando esa es su forma normal de pasear. También hay que ser hábil y cuidadoso a la hora de sujetar la correa (o pisarla, mejor) para que el perro no se percate de nuestro protagonismo en la experiencia que va a tener.

En fin, no resulta fácil poner por escrito todos los pormenores, pero espero que haya quedado claro cual es la idea y el planteamiento.

4. Moldeado del instinto con trabajo de pastoreo: Este sería mi método de elección, pero solo es aplicable a perros  con el instinto adecuado. Lo primero será testar al perro para ver si podemos ayudarle con el pastoreo y, si es el caso, finalmente el perro va a diferenciar una bicicleta de una oveja y va a dar sentido a lo que hace y lo que siente internamente. El problema se solucionará de un modo muy natural, pero prefiero dejar su explicación para otro post para no alargarme en exceso.

Muchas gracias por leerme.

Un saludo

 

 

 

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