Ayudando a un perro miedoso

En este post vamos a tratar de pasar a la práctica y analizar como podemos ayudar a esos perretes miedosos que tan mal lo pasan.

Lo primero que debo pediros es que seáis muy sensibles y considerados con estos perros. Nunca deberemos perder la calma y el buen ánimo hacia ellos, por mucho que nos parezca irracional su comportamiento. Tampoco caeremos en la pena y la sobreprotección porque no les vamos a poder ayudar de este modo. En muchos casos tendremos que adaptar nuestro tono de voz y nuestro movimiento (que debe ser tranquilo, relajado, lento y suave), y siempre tedremos que transmitir seguridad en lo que hacemos.

Será muy importante estudiar y conocer bien a ese perro que pretendemos tratar. ¿Qué cosas le asustan?, ¿Qué reacciones de miedo muestra con más frecuencia y como varían estas en función del grado emocional? ¿trata de huir, trata de agredir, varia la respuesta en función de la distancia al objeto de miedo, varía la respuesta con correa y sin correa, se comporta diferente según el lugar o la persona que lo lleva..?, ¿es capaz de superar miedos, se acaba habituando a lo que en principio le causaba miedo, cuanto tiempo tarda en habituarse…?, ¿muestra miedo a objetos o eventos concretos o tiene un miedo general a casi todo?, ¿en casa se siente seguro?….. Toda esta información el que mejor la conoce es el dueño del perro, lo que sucede es que a veces no sabe interpretarla y en eso puede ayudarte un profesional.

El tratamiento del miedo es una cuestión a largo plazo. No se necesita que un terapeuta te haga muchas visitas. Solo tienes que tener claras las ideas y el sentido de lo que tienes que hacer para aplicarlo en cada paseo y en cada momento que pasas con el perro.

Cuanto más concreto sea el miedo de tu perro mejor pronóstico tendremos. No todos los perros van a mejorar un 100% porque algunos muestran un miedo general (a todo) que proviene de una mala socialización y eso ya no se puede “arreglar”, pero todos mejoran con un buen tratamiento y pueden tener una buena vida.

Debido a todas las variables que influyen en el problema (vistas en el post “lo que tienes que saber sobre el miedo en los perros“), y a las grandes diferencias individuales entre ejemplares, es imposible marcar pautas fijas que puedan adaptarse a todos los casos, pero quédate con los conceptos que explico a continuación y trata de adaptarlos a tu  problema concreto. Y si necesitas ayuda no dudes en buscarla o en contarnos aquí tu caso. Como te digo, no vas a necesitar muchas sesiones con un educador, pero comprender bien el problema y tener clara tu estrategia a seguir marca la diferencia entre el éxito y el fracaso a la hora de tratar este problema.

En general la estrategia a seguir se va a basar en romper los esquemas, las creencias o  las conclusiones que ha ido sacando el perro de sus experiencias pasadas.

Cuando yo me enfrento al tratamiento de un perro miedoso lo primero que hago es recabar toda la información. Con esta información que me proporcionan y la observación que hago del perro trato de reconstruir los esquemas mentales que el perro ha generado. Un esquema mental  viene a ser un patrón de comportamiento que el perro aplica ante determinadas circunstancias que le producen miedo. Por ejemplo: un perro con miedo a otros perros puede que cuando va atado y se encuentre con uno le ladre y desarrolle conductas agresivas. Este patrón de conducta que el perro emite se refuerza en cada experiencia, puesto que, desde su punto de vista, está evitando el potencial daño que el otro perro le causaría de no actuar así (en la realidad, por supuesto, no tiene nada que ver su comportamiento con el resultado obtenido y el otro perro se alejará con su dueño independientemente de si mi perro ha ladrado o no)

No tenemos que pensar en estos patrones de conducta como algo fijo. El patrón puede variar ante un mismo objeto de miedo dependiendo de las circunstancias en que aparece. Por ejemplo, es muy típico que el mismo perro del ejemplo anterior  (el que ladra y tiene ademanes agresivos hacia otros perros cuando va atado) se comporte de otro modo cuando va suelto. Puede que suelto opte por una estrategia más de “disimulo” (olisquea y hace como que no ve al otro perro), o que simplemente se bloquee y adopte una actitud sumisa o que corra hacia el otro perro con la cola en alto en un “a ver que pasa” para pasar a una persecución si el otro perro huye o frenarse en seco y pasar al disimulo si el otro perro se queda quieto. En fin, las variables son muchas y por eso lo primero es analizar todo. Si algún patrón de comportamiento utilizado por el perro nos es favorable lo aprovecharemos en nuestra terapia (por ejemplo, los perros que son agresivos por miedo con correa y más tranquilos sin ella podrán pasar  por una etapa con correa de 10 metros que iremos acortando poco a poco)

Una vez tenemos claros los esquemas mentales (patrones de conducta) que no nos convienen y que están reforzados  por el miedo vamos a trazar una estrategia que trate de romperlos (romper los esquemas al perro). Lo que buscamos es romper esa asociación que ha realizado el perro entre su conducta (por ejemplo, ladrar) y el resultado (no sufro un daño proveniente del objeto de miedo). Para ello tendremos que bloquear (eliminar) la conducta (el ladrido) en presencia de otros perros para que nuestro miedoso vea que el resultado es el mismo que antes (“no sufro ningún daño”).

Bloquear el patrón de conducta no siempre es fácil. Si el perro quiere huir puede ser tan simple como sujetar la correa (“quedate aquí y comprueva por ti mismo que no sufres el daño que esperabas”), pero si el perro ladra o agrede puede ser más complicado impedírselo. Para casos de ladridos yo he empleado diversos métodos: desde un ruido sorprendente para el perro (que le asusta y que surge si ladra) hasta un tirón de correa o un NO contundente,  (desgraciadamente una chuche no va a funcionar para esto y tendremos que usar un estímulo aversivo). Es buena idea, si se puede, trabajar el dejar de ladrar en circunstancias no relacionadas con el miedo. Por ejemplo, si tu perro ladra cuando escucha ruidos en casa o en cualquier otro momento, utilizar una botella con monedas que agitamos para que deje de ladrar. Esto va a facilitar que en la situación de miedo (con otros perros) al escuchar la botella el perro deje de ladrar.

Muy importante: tener en cuenta que el bloqueo del patrón de conducta nunca podremos intentarlo en situaciones de máxima emoción (rapto emocional). Cuando el perro tiene tanto miedo que no puede procesar la información (no puede aprender) lo indicado es bajar ese grado emocional antes de intentar bloquear su patrón de conducta inadecuado. Normalmente bajaremos el nivel emocional poniendo más distancia con el objeto de miedo en cuestión.

A este bloqueo del patrón conductual mediante un estímulo aversivo si fuera necesario sé que mucha gente le pondrá una pega: estamos tratando un miedo generando otro (a la botella que hace ruido o al estímulo que usemos). Es cierto, pero el miedo que genero lo controlo yo (yo agito la botella) y el perro tiene control sobre el mismo (“si no ladro no aparece la botella”), por lo tanto este miedo no me preocupa. A cambio quiero conseguir romper los esquemas al perro para pasarle a otra fase en la que comprueba que no es necesario ladrar para evitar daño de otros perros.

Ahora imagina que ya he conseguido que mi perro no ladre cuando ve a otro. Mi preocupación, a continuación, será que, efectivamente compruebe que no sufre ningún daño. Aquí llega una de las partes complicadas de esta terapia. Un perro suelto que se acerque a mi perro sin mayor cuidado, puede arruinarme toda la terapia (aunque mi perro no sufra un daño en sí, su percepción puede ser de terror absoluto y tener una experiencia muy negativa que no le dejará entender que “no agredir es buena idea”). En mis terapias yo utilizo a mis perros que van a lo suyo y no son invasivos. Así podemos dejar a nuestro miedoso procesar a su ritmo y, con el tiempo suficiente, empezaremos a ver que es él quien inicia los acercamientos. Al principio muy tímidos y cuidadosos (con la nariz por delante) que van seguidos de rápidas “retiradas” al mínimo movimiento del otro perro, pero que pronto se convierten en francos avances. La queja de los clientes suele ser “Ya……¿y donde consigo yo perros equilibrados como los tuyos?”. Pues es verdad, no es fácil encontrar perros equilibrados (desde luego ni se te ocurra ir a un pipican), pero tendrás que buscarlos.

Como mal menor, para los casos más graves (esos perros que entran en rapto emocional si un perro se acerca demasiado) pongo una pauta consistente en “defender a nuestro perro”. Se trata de impedir a toda costa que ese perro que va suelto se nos acerque. El mensaje a nuestro perros será: “no te preocupes….yo me encargo”. Lo primero será avisar con calma al otro dueño para que recoja a su animal, pero si esto no funciona utiliza un gorrazo en la rodilla o cualquier ruido de ese tipo para asustar al “intruso” (aprovechando: si llevas al perro suelto deberás tener el suficiente control con la llamada para no molestar a personas que lleven perros atados)

Si tu perro es de esos que no soporta a otro perro cerca deberás buscar lugares donde haya perros a lo suyo y donde tú puedas situarte a cierta distancia de modo que se vaya habituando. Una idea sería pedir permiso para visitar clubs caninos donde haya perros entrenando. Un perro haciendo agílity o pastoreo estará a lo suyo y no hará ningún ademán de acercamiento a tu perro. Otra idea sería ir a parques cerrados y trabajar con tu perro por fuera. También puedes trabajar en urbanizaciones donde haya perros tras las vallas, pero es importante que estos sean tranquilos.

Siempre iremos muy despacio. No trataremos de forzar avances. Será el perro el que nos indique cuando está listo para un próximo paso. Muchos perros con miedo mejoran y van soportando perros cada vez a menor distancia, pero luego no saben relacionarse (quizás fueron separados de la madre muy pronto o no han tenido suficiente socialización para aprender el lenguaje canino). Después de todo el trabajo realizado para conseguir que tolere a otros perros cerca se puede ir todo al traste porque intentamos que acabe jugando con otros perros cuando es incapaz porque no sabe. Es mejor no forzar relaciones si nuestro perro no conoce el lenguaje canino. Quizás se conozcamos algún perro especialmente tranquilo con el que podremos dejar cierta relación y podamos permitirla, pero será mejor que no lo hagamos con todos sino queremos volver a las andadas (miedo y agresión). En cualquier caso, cada perro será diferente y si necesitas ayuda puedes llamar a un profesional que te diga hasta donde llegar con la terapia.

Si el problema se daba solo con la correa trabajaremos con la correa  de 10 metros a la rastra, dejando que el perro se relacione a su ritmo (estos casos tienen muy buen pronóstico). Si no puede relacionarse con perros sueltos (porque ladra, agrede, huye….) trabajaremos primero con correa corta y cuando veamos mejoría pasaremos a correa de 10 metros. Solo dejaré interaccionar con otros perros cuando mi perro esté listo para ello. Estas interacciones deberán ser siempre con correa de 10 metros y dejando tiempo y espacio a los animales para relacionarse. Naturalmente el otro perro deberá ser equilibrado y calmado.

Voy escribiendo porque mi ánimo es ayudar, pero son tantos los factores que pueden intervenir que tengo miedo de confundir más que ayudar. Me da miedo que algunas de las recomendaciones sean mal aplicadas y resulten contraproducentes. Por ejemplo, que no sepas cortar el ladrido o no interpretes bien cual es el ladrido cortable y cual no (si el perro está en rapto emocional no debemos cortar el ladrido)

Si las circunstancias lo permiten podremos utilizar un enfoque más basado en los refuerzos positivos (chuches). Estas terapias se basan en la llamada “desensibilización sistemática”. Se trata de asociar la presencia del objeto de miedo con un refuerzo positivo (normalmente comida). Para que el perro pueda recibir el premio (la comida) el grado emocional deberá ser muy bajo. Por eso hay que empezar trabajando a bastante distancia del objeto de miedo para irla disminuyendo poco a poco. Este esquema general se aplica con diferentes variantes (hay quien premia al perro cada vez que mira hacia el objeto de miedo, hay quien le premia cada vez que mira y se concentra en el dueño, hay quien le pide alguna orden que luego premia…..). La técnica es más fácil de aplicar cuando el objeto de miedo es inmóvil. En el caso de miedo a otros perros el problema es que puede ser complicado mantener la distancia que necesitamos en cada etapa de la terapia. Otro problema será asociar el refuerzo positivo a la presencia del objeto de miedo. Muchas veces el perro no realiza esta asociación debido a que usamos premios para muchas cosas (en casa para sentarlo, para que suba al coche, para que camine junto…..etc). Si quieres más probabilidades de éxito deberás limitar los premios solo al momento en que el objeto de miedo está presente.

Si has llegado hasta aquí muchas gracias por aguantarme.

Juan Carlos Aparico

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